Ante todo, es una persona que posee los mismos derechos, necesidades básicas y potencialidades de desarrollo que cualquier otro ser humano. En ese sentido, no es diferente a ti.
Es un profesional que estudia la conducta, el por qué y el cómo del comportamiento humano. No es, sin más, una persona que sabe cómo piensas.
Es un investigador que recoge datos, los organiza, establece hipótesis; aplica en definitiva un método científico de trabajo. Por lo tanto, no es un adivino.
Es un profundo conocedor de técnicas, procedimientos y recursos que pone a tu disposición para que seas tú quien encuentre y ponga en marcha las soluciones. No es, pues, un dispensador de consejos y soluciones magistrales.
Cuando experimentes algún tipo de dificultad, trastorno o malestar que sea lo suficientemente importante en tu vida como para provocar un deseo consciente de cambio.
No es el objetivo de una terapia. Lo que se pretende es modificar aquella parte de una conducta que se considere inadecuada porque impida, a la persona, llevar a cabo una vida ‘normal’.
La personalidad entendida como forma de ser, no tiene porqué quedar alterada a no ser que sea, ella misma, el problema de la consulta. Entonces nos encontramos ante un ‘trastorno de personalidad’ propiamente dicho. Este tipo de alteración no es muy común entre la población.
El psicólogo aplica el conocimiento y las habilidades, las técnicas y los instrumentos proporcionados por la Psicología, a las anomalías, los trastornos y cualquier otro comportamiento humano relevante para la salud y la enfermedad.
El proceso de la terapia se diseña, no para cambiar al paciente, sino para ayudarle a cambiar por sí mismo.
Frente al terapeuta vas a tomar un papel activo, tienes que aprender unas técnicas y él te enseñará a ponerlas en práctica.
Con el psicólogo abordarás tu problema como algo a solucionar. Y trabajaréis juntos para resolverlo.
Por difícil que resulte de creer, la mayoría de los problemas y conflictos se encuentran tipificados, aunque en principio puedan parecer únicos, inabordables e intolerables.
Con tu psicólogo formarás un equipo de trabajo que, cada uno con sus recursos, trabajará por alcanzar los objetivos propuestos.
En tu psicólogo vas a encontrar la comprensión y el respeto que permite el conocimiento de los conflictos humanos.
No se trata de una cuestión de fe. Es un profesional y como tal, hay que confiar en él como experto en la Ciencia del Comportamiento Humano.
Su trabajo se estructura en sesiones donde se produce un intercambio de información entre profesional y paciente.
Cada sesión suele durar entre 50-60 minutos.
No siempre el trabajo se desarrolla en un despacho, en ocasiones es necesario salir a la calle y abordar ‘in situ’ un problema concreto.
No se suele utilizar el diván, tópico divulgado por los psicoanalistas. Los psicoterapeutas solemos hacer uso de un sillón de relajación y, en su defecto, sillas lo más confortables posibles.
Los problemas que más frecuentemente trata un psicólogo son:
Trastornos de la personalidad.
Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia.
Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros trastornos cognoscitivos.
Trastornos mentales debidos a enfermedad médica.
Trastornos relacionados con el uso y el abuso de sustancias.
Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.
Trastornos del estado de ánimo.
Trastorno de ansiedad.
Trastornos de la conducta alimentaria.
Trastornos sexuales y de la identidad sexual.
Trastornos del sueño.
Trastornos del control de impulsos.
Trastornos adaptativos.